martes, 21 de febrero de 2012

El Caballero Del Escorpión Bordado

La pregunta es ¿De dónde salen las historias?

Por ejemplo: en el 2005, James Sallis publica una novela corta llamada Drive. Sallis, un tesonero novelista con siete obras de medianas ventas a cuestas, entregaba ahora una que era un sentido homenaje al autor francés Jean-Patrick Manchette, muerto en 1995 y prácticamente desconocido fuera de Francia.

En vida, Manchette rindió sendos homenajes a las cintas noir del director francés Jean-Pierre Melville, relatando casi siempre los últimos días de personajes solitarios que siguen credos personales y que viven en románticos mundillos criminales parisinos. 

De acuerdo a ese credo, Drive relata unas semanas en la vida de un personaje anónimo con su propio credo: yo conduzco. Eso es lo que hago. Lo único que sé hacer. De esa forma, Sallis sigue los pasos planteados por Melville y por tanto seguidos por Manchette, volviendo a su personaje un ente con un pasado y un presente definidos, pero con un futuro incierto: nacido en un hogar marcado por la violencia (su madre mata a su padre, por lo que es adoptado por una familia a la que le roba el auto y dinero, para luego desaparecer en Los Angeles), el anónimo personaje se presenta como un muy capaz conductor que por las mañanas es un doble de riesgo y por las noches sirve de chofer para criminales, y no por un porcentaje del hurto, sino porque eso es lo único que sabe hacer

Drive es una parábola que hace eco en la fábula de la rana y el escorpión: el escorpión pide ayuda a la rana para pasar el río. La rana, tras mucho negarse sabiendo la naturaleza del escorpión, inexplicablemente accede a llevarlo a cuestas. A la mitad del camino, mientras la rana lucha contras las aguas, siente el primer aguijonazo. Luego viene el segundo y no tarda el tercero. La rana, ya moribunda, voltea hacia el escorpión, que ya está aguijoneándola una nueva vez, y con sus últimas fuerzas le pregunta ¿Por qué? El escorpión, sabiendo que acabará muerto junto con la rana por sus acciones, simplemente dice: es mi naturaleza, y aguijonea una última vez antes de perderse, junto con el cadáver de la rana, en las aguas del río.

Gracias a la reseña de Drive publicada en Publishers Weekly, el productor Adam Siegel queda prendado de ella. Dice que le recuerda a su infancia, a esos héroes cinematográficos que tanto admiró: el enigmático vaquero de Clint Eastwood, el duro teniente de Steve McQueen; por ello convence a su socio, Marc E. Platt, para compran los derechos y hacer una cinta centrada en un personaje lacónico y romántico. Y para su adaptación contratan al guionista iraní Hossein Amini con una encomienda: lograr que esa historia no lineal y extremadamente corta, pueda convertirse en película como las que poblaron la infancia de Siegel y de tanto cinéfilo nostálgico.

Amani logra darle sentido a la historia, cinematográficamente hablando, volviendo al anónimo conductor en un personaje total: sin pasado y sin futuro ahora, el personaje solo manifiesta su presente gracias a su credo: yo conduzco. Eso es lo que hago. Lo único que sé hacer. Y mientras eso se va cocinando, comienzan las negociaciones con Universal, con el australiano Hugh Jackman y con el director británico Neil Marshall. Pronto se sabe que idea de Marshall  consiste en hacer que Drive pareciera, por su factura y narrativa, una película producida en los ochentas recién descubierta en el ático de un estudio.

Pero para el 2010 nada ha pasado. Universal y Marshall se han ido, y Jackman decide seguir con su carrera centrándose en un guión que recuerda mucho a Rocky, pero con robots como protagonistas. Pero antes de abandonar el proyecto, se lo presenta al canadiense Ryan Gosling, que luego de leer el guión, se presta a levantarlo a como de lugar. Pero su visión no se centra en la de Marshall, la de Amani, Siegel o Sallis. La complementa: para él, ese anónimo conductor es lo más cercano que existiría de un superhéroe en la vida real, con su brillo propio, su gallardía a flor de piel y ese vistoso uniforme que porta con orgullo; y que por ese mismo orgullo y gallardía se vuelve la rana de la historia, cargando a criminales o escorpiones a cuestas (y para que eso quede más claro, su dorada chamarra tiene bordada en su espalda un hermoso escorpión), sin mediar en que la naturaleza a cada quién le pasa su costosa factura tarde o temprano, lustrándole su brillo, eclipsando su gallardía y manchando con sangre su uniforme.

Gosling es quien recomienda a Siegel al danés Nicolas Winding Refn, cuya trilogía de Pusher admiraba. También es quien lo entrevista para interesarlo en el proyecto. Winding Refn accede gracias a que víctima de un resfriado, pasa la mayor parte del tiempo con fiebre y sin saber qué decir, pues había olvidado de qué trataba el guión, y pasó gran parte del tiempo de la tal entrevista viendo a Gosling llevarlo por Los Angeles mientras escuchaban canciones ochenteras como una forma de alivianar el silencio. Ahí está la historia, dice Winding Refn: un hombre que solo sabe conducir y que escucha baladas hard rockeras como una forma de pasar el tiempo entre una misión y otra. Pero a la vez, complementa su versión de la historia con la de Gosling, Marshall, Amani, Siegel y Sallis, interpretándola ahora como un cuento de hadas en las que el anónimo conductor es un caballero de dorada armadura que corteja caballerescamente a su vecina, esa princesa en desgracia por la realidad: con un marido ex-asaltante de casas en prisión, un niño al que debe dejar encargado con quien pueda con tal de trabajar como mesera en un restaurante de paso y salir adelante, y con un auto o corcel, que es su único medio de transporte y que para colmo acaba de descomponerse en el estacionamiento del supermercado.

Claro que como buen cuento de hadas tiene su propio dragón husmeando en los pasillos de ese castillo que se convierte, gracias al trabajo tras la cámara de Newton Thomas Sigel, en una inacabable ciudad de Los Angeles, tan multicultural como la factura de esta cinta. 

Fin del ejemplo. Regreso a la pregunta inicial ¿De dónde salen las historias, pues? 

Quizá la única respuesta que valga sería otra pregunta ¿Importa acaso?

Y claro, complementar todo con una observación: y aún hay gente que insiste que el cine es cosa de autores individuales.

Atentamente, el Duende Callejero... 

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