miércoles 12 de octubre de 2011

Sadismo Y Masoquismo

Hay un cuento llamado: Sadismo y Masoquismo. Es del argentino Enrique Anderson Imbert. Es corto, así que lo transcribo:
Escena en el infierno. Sacher-Masoch se acerca al Marqués de Sade y masoquísticamente le ruega: ¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta! El Marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y con la boca y mirada cruel, sadísticamente le dice: No.
En el año 2000, desde la lejana Corea del Sur llega una sorpresa: JSA (Joint Security Area), del entonces occidentalmente desconocido cineasta Chan-wook Park (1963). Basada en una exitosa novela DMZ de Sang-yeon Park, el interesante thriller cargado de políticas resonancias se convierte en la cinta más exitosa de su país, cosechando reconocimientos y loas, además de dinero, en varias partes del mundo.

Realizada en el más puro estilo Rashomon (de Akira Kurosawa, 1950), JSA inicia con un doble asesinato ocurrido en una de las áreas comunes de seguridad del título, ubicada en algún lugar de la acorazada zona desmilitarizada que sirve como frontera entre las dos Coreas. El incidente inicia un conflicto que amenaza la frágil paz entre ambos bandos, así que los dos gobiernos deciden traer a alguien neutral para realizar la obligatoria investigación: la oficial Sophie E. Jang (Lee Young Ae), de padre coreano y madre suiza. 

Las indagatorias de la investigadora se convierte en un juego de declaraciones y contradeclaraciones de los involucrados, revelando nuevamente que eso que llamamos cómodamente verdad, sigue siendo una perra vieja a la que es muy difícil de enseñarle nuevos trucos.

JSA, cuya temática y estructura ya había sido explotada por el norteamericano Edward Zwick con su película Courage Under Fire (1996, Estados Unidos), y que provocó secuelas con Basic (2003, Estados Unidos y Alemania), de John McTiernan; permitió que Park Chan-wook pudiera elegir libremente sus próximos proyectos. 

Y vaya que supo aprovechar esa libertad: en los siguientes cinco años, además de realizar algunos cortos de gran presupuesto para al menos dos películas colectivas, realizó las tres cintas que conforman la afamada Trilogía de la venganza: (compuesta por Simpatía por el Señor Venganza del 2002, Oldboy5 Días para Vengarse del 2003 y Señora Venganza del 2005).

Gracias a esa trilogía, el surcoreano pasó de ser ese prometedor director de ese thriller político que tanta sorpresa había causado, a un verdadero auteur con todo y sus señas particulares: los recursos tecnológicos del cine, empleados como contrapuntos narrativos más que simples guiños expresivos; la estilización de la violencia hasta rozar los límites del más callado de los dilemas morales; la asimilación de los temas medulares de autores occidentales como: Shakespeare, Dumas o Melville, a los que demuestra no solo saber citar, sino que logra traducir de acuerdo a su particular visión oriental; el conocimiento de representar ese terror al que solo puede llegarse mediante la correcta disolución entre la relatividad del pecado, la culpa y la redención.

Punto central de ese éxito reside en la segunda película de la trilogía: Oldboy, adaptación libre del manga del mismo nombre, creado por Nobuaki Minegishi y Garon Tsuchiya. El descarnado cuento de un hombre, Dae-su Oh (Min-sik Choi), que sin aparente razón, luego de ser detenido por escandalizar durante una de sus acostumbradas borracheras, queda prisionero en un cuarto por 15 años, hasta que un día es liberado con una consigna: tiene 5 días para averiguar la razón por la que le fue robada su vida, y quién lo hizo.

Las expectativas que Park Chan-wook generó luego del último capítulo de su trilogía, hacían pensar en que pronto emigraría a Estados Unidos para hacerse cargo de una superproducción por encargo. Sin embargo, lo que el cineasta entregó fueron dos cintas inéditas en su catálogo: una reiterativa comedia romántica que tímidamente corteja a la ciencia ficción (Soy un Cyborg, Pero Está Bien del 2006), y una desperdicio de cinta llamado: Sed de Sangre (del 2009).

¿Será que ese Marques de Sade llamado Park Chan-wook comprendió que la diferencia entre el gozo propio y el disfrute ajeno está en saber decir la palabra no, a su público, esos anónimos Sacher-Masoch?

¿O todo eso formará parte de una nueva trilogía de la venganza, pero contra todo aquel que lo tildó de genio antes de tiempo?

Sacando de la ecuación su cinta Soy un Cyborg... Resumimos: hay un problema elemental con Sed de Sangre (2009, Corea del Sur y Estados Unidos): su anticonvencionalidad

En efecto, es precisamente el significado de esa kilométrica palabra lo que muchos llegaron a alabar de la cinta. 

La historia, escrita por el director y por Seo-gyeong Jeong, plantea una variante del mito vampírico, empatándolo con una diatriba en contra del catolicismo en el que está prohibido ahogarse en la seriedad y en la clemencia, pero que por sus constantes lagunas parece que también está prohibido atenerse a una cordura narrativa que la salve de su lagunoso desvarío.

El sacerdote Sang-hyeon (Kang-ho Song), experimenta una crisis de fe. Para él, el mundo está de cabeza y cada día que pasa aquello solamente parece decidido a irse al caño. Y en esa vorágine de sufrimiento y desolación, él es solo un espectador. Sí, aún es capaz de dar bendiciones y de dar consuelo al que se lo pida, pero una vez que se queda solo, comienzan sus pesares ¿Por cuánto tiempo más podrá aguantarlo? ¿Y qué pasará cuando estalle?

Una enfermedad viral está clamando sus víctimas, y los científicos necesitan conejillos de indias urgentes para probar una posible vacuna. El sacerdote se ofrece sin pensarlo dos veces. El asunto es que dicha vacuna lo convierte en vampiro. Por favor, no pidan explicaciones. Bueno, perdón: antes lo mata de forma pavorosa, para después resucitarlo como un nosferatu aún con su cuello blanco, su traje oscuro, su moral y su crisis de fe. Y ahí comienzan los problemas para Chan-wook Park.

Obviamente, por haber muerto y vuelto a la vida con una necesidad de beber sangre para vivir, sin latidos y con una mortal aberración por la luz solar, aunque con la capacidad de volar; Sang-hyeon se aleja de la iglesia y mejor se va a vivir con un amigo de infancia, Kang-woo (Ha-kyun Shin), que vive una relación algo incestuosa con Tae-ju (Ok-bin Kim), que fue adoptada por Ra (Hae-sook Kim), mamá de Kang-woo

A pesar de su condición sobrehumana, las cosas no mejoran para Sang-hyeon. Si cabe decirlo: empeoran. Ahora no solo su sentimiento de culpa se acrecienta debido a que ya no es un simple espectador de ese mundo en caída rápida, sino que su papel queda relegado al de una sanguijuela. Incapaz de saciar su sed de sangre como cualquier vampiro común y corriente, acechando y matando a su presa, Sang-hyeon prefiere el camino largo y sinuoso del últimamente de moda vegetarismo vampírico: obtiene su sangre de enfermos en estado de coma y hasta a costa de su único vínculo con su anterior vida religiosa, un cura ciego al que visita ocasionalmente para repetir lo peor de esa otra fallida película de vampiros anticonvencionales, The Addiction (1995, Estados Unidos), de Abel Ferrara: unas charlas casi sin fin en los que sobran las reflexiones sobre la iglesia, el silencio de Dios y no sé cuántas cosas más que jamás vendrán al caso.

En varias entrevistas, Chan-wook Park ha destacado la influencia de la novela Therese Raquin de Emile Zola en la confección del guión de la película. Y se entiende una vez que comienza el desbarranco: por alguna razón, Tae-ju comienza a ver a su enfermizo hermano-amante, Kang-woo, ya no como cosa del pasado, sino para el desecho, y comienza a preferir al quizá oscuro pero extrañamente seductor Sang-hyeon como nuevo amante-válvula de escape. Claro, está el problema no solo de Kang-woo, sino también de su anciana madre. Y para estos cabos, la película da su última mutación antes de morir: entre la autoparodia, la inserción enemática de una femme fatal a la que le falta una película y la negación de los primeros cuarenta minutos de metraje, Sed de Sangre se retuerce sobre una historia de pasión, traición y muerte muy buñueliana (pero en sentido de Abismos de Pasión más que de otra cinta), que es llevada al extremo, en el que duele esa sobrada vitalidad visual que nunca encuentra su respectivo eco en su apartado narrativo.

Porque en efecto, Chan-wook Park es un cineasta dotado para crear momentos cinematográficamente notables. Lo triste es que cada una de esas escenas queda desamparada en uno de los más temibles vacíos argumentales vistos en las últimas fechas.

Impacta saber que un director tan directo (redundancia, véngame este reino), que firmó la afamada Trilogía de la venganza, de todos los caminos posibles a los que podría encaminar su historia con un inicio tan prometedor como el aquí planteado, decidiera la comodidad de la enfermiza historia de amor loco con acento vampírico vegetariano, tan manida últimamente: desde las vapuleadas cintas basadas en la saga Twilight, hasta la exitosa serie de televisión True Blood (creada por Alan Ball, basada en los libros de Charlaine Harris) o The Vampire Diaries (creada por Kevin Williamson, basada en los libros de L. J. Smith).

Sí, el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Ejemplo: revitalizar el género vampírico con una historia no convencional, pero con aspiraciones de capirotada y que encima, no se mide en duración: la cinta dura los criminales 133 minutos, con una versión del director no necesaria que incorpora 14 más.

Sed de Sangre no queda solo como la cinta menor de la filmografía de Chan-wook Park, sino también como la última que posiblemente hará con esa libertad creativa que gozaba en su país. Su siguiente entrega, ya en post-producción, es una película de encargo producida por los hermanos Scott (Tony y Ridley), en la que actúa Nicole Kidman y que será distribuida por la Fox. Es una historia aparentemente de horror escrita por la estrella televisiva Wentworth Miller (Prision Break) y Erin Cressida Wilson, y se cuenta que ya hasta precuela tiene, al menos en guión: Stoker.

Sí, como Bram Stoker ¿Lo recuerdan? Ese escritor irlandés autor de Dracula, el más convencional de los vampiros.

Atentamente, el Duende Callejero... 

2 Personajes célebres que aún no mueren, opinaron...:

Jair Trejo dijo...

Park Chan-Wook es surcoreano.
¡Saludos!

El Duende Callejero dijo...

Cierto... Anduve valiendo carroña con tanto Corea del norte y del sur y sus conflictos. Gracias por la corrección.