viernes 21 de octubre de 2011

Ordinaria Vida, Extraordinaria(s) Muerte(s)

Bras de Oliva Domingos trabaja como redactor de obituarios en un periódico de su natal Brasil. Poco a poco ha ganado notoriedad gracias a su peculiar forma de resumir la vida de esos extraños a los que la muerte pone en su camino. Entre sus conocidos no es secreto que gasta sus ratos libres escribiendo esa primera novela que, insiste, lo dará a conocer como la nueva promesa de las letras brasileñas. Solo que últimamente su ritmo de escritura se ha vuelto lento. Tiene un problema que ya se ha vuelto insoportable y que no es un mero bloqueo creativo: es hijo de un connotado escritor y siente que lleva toda su vida viviendo bajo su sombra. Esa idea, que ninguno de sus conocidos ha afirmado o negado, ha bastado para distanciarlo de su familia y sumirlo en una acolchada depresión. Ese día que lo conocemos, un día en el que dos connotados personajes han muerto legándole trabajo por partida doble; en el que su novia se encuentra lejos, atrapada en un aeropuerto a causa de un vuelo retrasado; en el que su padre presenta su nuevo trabajo, por lo que se le rendirá un nuevo homenaje; en el que su madre le llama solo para asegurarse de que estará presente en la gala; es su cumpleaños número 32 y parece que a nadie le importa. Bras de Oliva Domingos pasa gran parte del día investigando la vida de esos dos hombres de los que debe escribir: un viejo pintor cuya leyenda detalla que tuvo una cantidad descomunal de hermosas amantes, todas modelos de sus pinturas más famosas a las que llamó con un mismo nombre: Lola, pero que con ninguna se casó, aunque sí procreó con algunas una camada de hijos a los que nunca descuidó; y un maduro ex-futbolista cuya mayor virtud no resultó ser esa agraciada forma de burlar a sus contrarios y anotar goles que lo convirtió en leyenda, sino el hecho de ser un padre modelo que también jamás descuidó a su familia. Eso lo lleva a preguntarse qué es lo más importante que uno pueda hacer con su vida: buscar y encontrar afanosamente ese éxito profesional que lo sacará del anonimato y le dará riqueza, pero que irremediablemente acabará alejándolo de su familia; o la simpleza de ser ese alguien importante para sus seres queridos, con un trabajo que logre una vida holgada y nada más.

Claro, Bras de Oliva Domingos solo se queda con la pregunta, pues la respuesta quedará colgada en el perchero de los lamentables asuntos pendientes gracias a una simple bala. A unos minutos de iniciar el evento de su padre, luego de sentir que todas sus dudas sobre vivir bajo su sombra, sus deseos de ser escritor reconocido o de que solo su amigo de adolescencia recordara su cumpleaños no tienen mayor importancia pues no se comparan con estar viviendo y sintiendo todo aquello, descubre que sus cigarros se han acabado, así que decide ir a comprar una cajetilla nueva en un bar que está al cruzar la calle de donde será el evento.

El dueño del bar, heredero tanto del negocio como de su nombre, lo insta a beber una cerveza. Así inician una charla en la que resumen que uno podrá escoger su carrera, su pareja, su corte de pelo y muchas cosas más, pero jamás su nombre y su familia, cuando un joven armado con una pistola entra y pide todo el dinero de la caja registradora. Ese hombre es el sobrino del dueño del bar que, desesperado por un asunto familiar desconocido, decide reincidir en una vida criminal ya olvidada. 

El dueño del bar intenta hacerlo entrar en razón, pero el joven lo última de un disparo para luego voltear con un aterrado Bras de Oliva Domingos, y afirmarle que, en efecto, uno podrá escoger su carrera, su pareja, su corte de pelo y muchas cosas más, pero jamás podrá escoger ni su nombre, ni su familia, ni su último día en esta tierra, para luego dispararle fuera de foco, pues si ese joven ha de volver su vida criminal, aquel joven no necesita testigos.

Así se cierra un círculo: el mismo día en el que hace 32 años nació, Bras de Oliva Domingos muere con una sola certeza: aunque aparentemente no pasó nada interesante o espectacular durante todas aquellas horas de ese día al parecer por todos olvidados, acabó siendo el más importante de todos los que ha vivido, pues fue el último y así lo vivió.

Ese es el capítulo primero: 32, de la ya inolvidable serie de cómics escrita y dibujada por los gemelos brasileños Fábio Moon y Gabriel Bá (Sao Paulo, 1976): Daytripper. Editada primero por la editorial Vertigo de febrero a noviembre del 2010, recientemente compilada por Titan Books en un tomo de 256 páginas con introducción de Craig Thompson (autor de la novela gráfica: Blankets), y con un título que hace alusión a ese tipo de actividad en los que una persona visita un centro de recreo o un punto turístico durante el día, regresando por la tarde o noche a su hogar; Daytripper recorre con sus otros nueve capítulos, cada uno de esos últimos días que vendrán a significar algo importante en la ordinaria vida de Bras de Oliva Domingos: cuando, en su primer viaje de juventud, creyó encontrar al amor de su vida (capítulo segundo: 21); el día en el que, tras perder a la que durante algún tiempo consideró el amor de su vida, descubre que la vida está llena de posibilidades para aquel que esté dispuesto a dejarse llevar sin oponer resistencia (capítulo tres: 28); o el día en el que nace su primer hijo y se entera de la muerte de su padre (capítulo cuatro: 41). En cada uno de esos capítulos, Bras de Oliva Domingos morirá por diferentes causas para luego aparecer vivo, pero con otra edad, en el siguiente. 

La idea propuesta en Daytripper por Fábio Moon y Gabriel Bá podrá ser clara, pero no por ello sencilla de asimilar ¿Qué es lo que hace que tal o cual día sea el más importante de tu vida: que sigas vivo, sin cambiar nada, solo sobreviviendo, o que ese sea tu último día en la tierra y sin planearlo, lo acabaras viviendo como tal?

Y todo eso (y más), empaquetado en un simple (y bello) cómic ¿Se puede pedir más?

Atentamente, el Duende Callejero... 

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