martes 9 de agosto de 2011

M For Moore

En 1975, al influyente editor independiente DC Thompson le llega un manuscrito y unos diseños de personaje para un serial en cómic llamado The Doll. La idea era seguirle los pasos a un terrorista transexual que alborota a Londres con el rostro cubierto por una máscara de muñeca de porcelana y con actos justificados por todo aquel sentimiento homofóbico que se manifestara de forma violenta. Thompson no lo pensó dos veces: aunque la idea era interesante debido a los recientes linchamientos a miembros de las comunidades homosexuales, rechazó la idea y mejor abrió la siguiente carpeta. Un cómic no debía tomarse las cosas tan en serio.

Febrero de 1978. Cuenta la leyenda que el entonces incipiente escritor de cómics británico Alan Moore (1953, Northampton), entró en un pub con la idea de gastarse todo lo que traía en el bolsillo en tarros de tibia cerveza negra. Celebraba el nacimiento de su primogénita, llamada Leah (futura escritora de cómics), y no le importaba ni estar bebiendo solo ni traer tan poco dinero encima como para augurar esa embriaguez que el día demandaba. Solo le importaba saber que su vida entera iba a dar un cambio mucho mayor que cuando decidió casarse con Phyllis, su entonces esposa, o dedicarse a escribir cómics como forma de vida.

En el pub había un televisor encendido. En él, un político inglés que aspiraba un puesto público hablaba sobre su propuesta para erradicar lo que a su juicio era una temible enfermedad: hacer hospitales en los que personal calificado tratara tanto psicológicamente como médicamente a los homosexuales, previniendo una eminente epidemia. Moore escuchó al político sin extrañarse. Era del ala conservadora, así que esas ideas lejos de parecerle escandalosas apenas y se le antojaban para realizar una comentario sarcástico alzando su tarro. Lo que esa noche provocó que sus ganas de seguir bebiendo menguaran, fue que el pub entero comenzó a celebrar todo lo que aquel político decía. Moore pagó las pocas cervezas que había bebido y salió a la calle. Podemos imaginarlo con su melena alborotada, su larga barba mecida por el viento, su figura encorvada, las manos furiosamente enterradas en sus bolsillos y los ojos fijos en el piso ¿En verdad la gente aceptará la aberración de construir campos de concentración disfrazados de hospitales en los que se trataría a los homosexuales como enfermos en estado terminal? ¿Y qué pasaría si al crecer, su hija recién nacida decidía ser lesbiana? ¿Esas suertes de gulags sería el único futuro que él podía augurarle?

Listo, una idea había nacido y no lo dejaría en paz durante en los próximos años. A fin de cuentas, él se había atrevido a mandar una idea sobre un terrorista transexual al influyente editor DC Thompson, exponiéndose con su rechazo a olvidarse de su sueño de dedicarse a escribir cómics de por vida. Sin embargo, su descabellada propuesta The Doll resultó profética: la década de los ochenta trajo consigo a la llamada enfermedad del milenio: el SIDA, entonces llamada: el cáncer de los homosexuales. Leah ya caminaba cuando la llamada Dama de Hierro, la Primera Ministra Margaret Thatcher, se atrevió a musitar una especie de secuela de aquella idea que Moore había escuchado en el pub: separar a todos los enfermos de SIDA en hospitales que servirían como morideros de lujo, en los que se esperaba frenar la epidemia. Y para asegurarse del éxito de la medida, también se vería que los homosexuales fueran recluidos en centros de contención con tal de realizarle estudios para saber si no eran peligrosos para la comunidad.

Por esos años el trabajo de Moore ya comenzaba a ser conocido en el mundo entero. Sus propias creaciones fueron cosechando sendos éxitos que le auguraban una vida holgada. El resurgimiento de esa idea claramente homofóbica hizo que se decidiera por fin a hacer equipo con el ilustrador David Lloyd, para reorganizar esa idea que durante años le había gravitado. Así nace el serial V for Vendetta, que aparecería en la revista Warrior de Dez Skinn de 1982 a 1985. La historia centrada en la figura de un misterioso anarquista solamente conocido como V, que cubre su rostro con una esfinge del malogrado conspirador inglés Guy Fawkes, que falló en su intento de volar el Parlamento y asesinar al Rey Jacobo I, buscando acabar con las persecusiones religiosas de la época.

El serial fue un éxito que aseguró sus consecuentes re-ediciones tanto en Estados Unidos como en Inglaterra (ediciones que no son otra cosa que la compilación de la serie completa, ordenada de forma cronológica, con algunas introducciones y algunos anexos por parte de los responsables de la edición original), resulta difícil pensar que sin el interés de los hermanos Andy y Larry Wachowski, la conocida adaptación cinematográfica hubiera existido.

V for Vendetta fue un cómic en el que el personaje principal era un terrorista conocido como V que luchaba contra un fascismo de corte thatchereano más que orwelleano (no tan dependiente de la tecnología, sí de los llamados powers that be), abanderado por una idea máxima: la anarquía es el único medio que tiene el hombre para lograr su libertad. En dicha historia, los fascistas habían llegado al poder gracias a la razón por la que todo dictador llega en la vida real: el apoyo del pueblo, que cegado por sus milagrosas aunque inexplicables promesas vota por ellos. La perpetuación de dicho régimen se debió a la apatía de ese pueblo que quizá viviera oprimido, pero al menos se ahorraba toda toma de decisiones importantes. La llegada de V al ruedo sólo viene a demostrar que hay otra forma de pensar y de sentir. Su solitaria lucha (y consecuente expiación) asienta que es mejor morir en el caos que uno provoca, que vivir en un cosmos ajeno. Pensar que con esa trama un gran estudio como Warner Bros decidiera desembolsar unos 50 millones de dólares para financiar una película, por más cambios que se le hiciera, solo puede explicarse gracias al entonces reciente éxito de la trilogía Matrix, escrita y dirigida por los hermanos Wachowski.

La primera película de dicha trilogía (que honestamente debió ser la única producida), no es más que una entretenida revisión de V for Vendetta, que le anexa de forma anárquica elementos del también serial en cómics The Invisibles, de Grant Morrison y Steve Yeowell, más algunas pizcas de la llamada Trilogía del Puente del escritor William Gibson (compuesta por las novelas Virtual Light de 1993, Idoru de 1996, y All Tomorrow's Parties de 1999). Por ello, pensar que el siguiente proyecto de los hermanos fuera convencer al productor Joel Silver, responsable de cada una de las películas y consecuentes ramas salidas del concepto Matrix (videojuegos, adaptaciones animadas, novelizaciones y demás), para que se encargara de la adaptación de V, resultó algo lógico.

Escrita y también producida por Andy y Larry, con el amparo de Silver, V for Vendetta (2006, Estados Unidos), acaba siendo dirigida por uno de los encargados de efectos especiales de la trilogía Matrix, James McTeigue. La razón por la que ninguno de los hermanos Wachowski decidiera hacerse cargo de la dirección es sencilla: convencidos de ser los nuevos reyes Midas del Cine y decididos a levantar cuanto proyecto se les ocurriera, pues seguro que todos pegarían, comenzaron a confeccionar varios proyectos, entre ellos la idea de cambiar la forma de ver el cine con su proyecto cinematográfico basado en una serie animada de culto: Speed Racer; además de cambiar la forma de ver televisión con una serie sobre The Invisibles que entonces preparaban.

Desgraciadamente el primer proyecto sí se realizó. Afortunadamente el segundo no.

Si algo cojea en la adaptación cinematográfica de V, es su pomposidad. La película clama por ser considerada algo más que una cinta de ciencia ficción mezclada con elementos de acción. Supongo que por ello rompe la que debiera ser la única regla de oro en esa clase de cintas: show, don't tell. Y en el V for Vendetta de los hermanos Wachowski y de McTeigue, si algo hacen los personajes es decir: hablan y hablan (y luego siguen hablando), discutiendo noñerías políticas ajenas a lo planteado por Moore. Pues ahora la lucha no es por la anarquía, es por un liberalismo netamente romántico que se bate a duelo (y vaya cosa, triunfa) contra las ideas neo-conservadoras más cercanas al gobierno de George W. Bush, que a la Inglaterra de los ochenta. Y claro, ahora los malos son unos hijos de perra que llegaron al poder y se han perpetuado en él mediante la violencia y el miedo. La sociedad que gobiernan, lejos de vivir apática, está esperando a que algo pase. La gota que derrama el vaso o la chispa que enciende la hoguera. Y entonces llega V, que no es un terrorista sino un luchador de la libertad.

Y bueno, cuando no se está hablando, McTeigue hace que V (interpretado en la pantalla por Hugo Weaving) se ponga a pelear en elegantes coreografías que solamente sirven para alargar el metraje, presumir la alta definición alcanzada en algunas cámaras y asombrar por lo bien que se logra borrar los arneses de protección mediante el CGI.

No debe resultar extraño que el gran mérito de la película fuera que Alan Moore decidiera que ya había tenido suficiente con el cine. Esta fue la primera cinta en la que públicamente pidió quitaran su nombre de los créditos. Esa fue su V de Venganza. Y si algo le tocaba de dinero por la adaptación, que mejor que se lo dieran al dibujante David Lloyd. Tras cintas como From Hell y el mal sabor de boca que le legó The League of Extraordinary Gentleman, y con adaptaciones de Constantine y Watchmen en el horizonte, ¿Qué otra cosa le quedaba hacer a Moore?

Resulta interesante que muchos años después de su publicación, V for Vendetta sea uno de los cómics más actuales gracias a que la comunidad en internet y fenómeno cultural llamado Anonymous, en sus apariciones públicas hace uso de las esfinges de Guy Fawkes que V usó en el cómic y también en la película.

Y si debe haber un honor para la película, ese fue reincorporar (y hasta volver central en la trama) todo el trasfondo homofóbico que en le cómic, con tanto planteamiento propuesto, quedaba diluído. 

Atentamente, el Duende Callejero... 

4 Personajes célebres que aún no mueren, opinaron...:

Sepamua dijo...

Sólo una pequeña corrección es Lana Wachoski (guiño,guiño). La verdad no puedo opinar más porque, pues, ni sé. Apenas voy conociendo de novelas gráficas. Pero ya leí Watchmen y vi la película, así que si llega a escribir sobre ellas, tendré algo más coherente que decir. Quizá. Por ahora, gracias por la información.

El Duende Callejero dijo...

Jo... En los tiempos de esta película aún era Larry (y sigue siéndolo, creo. Está en proceso aún de convertirse en Lana... Aunque con The Wachowski todo queda sin problemas).

Ahí abajito verás la etiqueta de Alan Moore. Pícale y verás lo que escribí sobre las otras obras del inglés, entre ellas Watchmen y Watchmen: The Watchmen.

Joel Meza dijo...

Afortunadamente la película me aburrió tanto que la he olvidado casi por completo. Chinches Wachowskis, tan faltos de talento y tan sobrados de arrogancia. Con cada nuevo trabajo me hacen dudar cada vez más que The Matrix haya sido obra suya.

Por otro lado, un amigo me prestó hace... dos años, creo, el cómic. Lo empecé a leer y me aburrió. O no le tuve paciencia y lo dejé. Mmmm. Creo que lo que buscaba hace años en los cómics ya no existe. O la búsqueda misma ya no existe. No leeré Watchmen ni veré Watchmen: The Watchmen. Además, para penes gigantes, pos un espejo.
Salud, Duende.

El Duende Callejero dijo...

Cierto, leer V sí requiere un poco de paciencia. Supongo que ese es el pago por leer una obra taaaaan fragmentada. Es una colección de fragmentos dispersos por muchos, muchos años. Hay una narración, sí, pero se disgrega mucho (es como leer, agrupada, una serie de caricaturas de Mandrake sacados de un periódico de los últimos cinco años).

Por otro lado, nadie merece Watchmen: The Watchmen... Qué cosa más desesperante. Por cierto... Será del mismo que hará Superman. De entrada ya nos mostró a Bizarro ¿Te gustó Joel? A ver a qué hora nos muestran a Superman.