miércoles 8 de junio de 2011

El Enemigo Entre Nosotros

No hay nada en este mundo que me gustara más que subirme a la ola de alabanzas que van desde el pilatesco: pudo ser peor, que entiendo y significa: me gustó, pero ni modo que lo acepte; y que logran llegar al francamente exagerado: así deberían ser todas las películas del tipo, así mero.

Sin embargo, debo decirlo: qué decepción tan grande resulta X-Men: First Class.

Y no me refiero en lo absoluto del asunto de la adaptación, que ese tren hace mucho que dejó la estación. Además que el mundo del cómic se sumió en el caos desde que DC Comics decidió matar a Superman a inicios de los noventa, y que con su consecuente resucitada, además de los cambios de traje y luego con su bipolaridad, solo se vino a patentar que cualquiera podía ya sodomizar cuantas veces quisiera a tan amados personajes y, por ende, a sus respectivas leyendas sin que el pudor del público lector les viniera importando un comino.

El asunto con la adaptación del ex-colaborador de Guy Ritchie, Matthew Vaughn, es que por más revisado que tuvieran su guión, basado en una historia de Sheldon Turner, del ex-director de las primeras dos películas y productor de ésta, Bryan Singer, e indirectamente por Grant Morrison, y que fue firmado por Ashley Edward Miller, Zack Stentz, Jane Goldman y por el propio Vaughn; por más cuidada que estuviera la puesta en escena con esos claro ecos a la saga Bond (con un Michael Fassbender emulando en más de una ocasión la blonda furia que a caracterizado el reino del cara-de-roble Daniel Craig, sumándose a ese charm del Sean Connery de Thunderball); y por más cuidado que tuviera a su elenco (en el que brilla precisamente como uno de los mejores villanos-Bond jamás paridos en forma de un poderoso Kevin Bacon convincentemente políglota); el cuento de: Cuando Xavier conoce a Erik, además de resultar algo largo y demasiado solemne (algo que ya había empañado, vaya cosa, la otra incursión del director en estos campos con una historia que apelaba por la autoparodia: Kick-Ass), no hace absolutamente nada para convencer de que es un capítulo necesario para la saga cinematográfica de los mutantes.

Desde los primeros minutos, X-Men: First Class transgrede hasta su propia alma de reboot, ubicándose en tierras extrañas. Recreando el inicio de la original X-Men, en el que un joven Erik Lensherr (Bill Milner) descubre su magnético poder en un enlodado campo de concentración, intentando evitar ser separado de su familia; luego mostrando el otro lado de la moneda, en el que un mimado Charles Xavier (Laurence Belcher) conoce, por obra y no gracia, sí desvarío del ejercito de guionistas, a la otrora milenaria Raven Darkholme (Morgan Lily) en su cocina, robando comida; ese cuidado producto para complacer a las masas se lanza al vacío y sin paracaídas de ninguna clase.

Teniendo como telón de fondo uno de los capítulos más interesantes de la Guerra Fría, X-Men: First Class da cuenta de lo sencillo que resultaba no solo afiliarse en la CIA si mostrabas tener poderes mutantes, sino que te dejen participar en asuntos de Seguridad Nacional sin entrenamiento previo, además de dejar espacio para hacer X-Men Origins: Magneto the Lost Years.

Erik (Fassbender) crece y se convierte en un matón que solo vive y respira para cumplir su venganza de todo aquel ex-oficial Nazi que tuviera algo que ver en ese campo de concentración en el que perdió a su familia, teniendo como objetivo máximo a Bacon (¿en verdad necesitamos llamarlo Sebastian Shaw?); Xavier (James McAvoy) también crece y se convierte en un pedante universitario que busca no solo su posgrado y la gloria, sino también encamarse con quien se deje; teniendo a su lado a su casi mascota-amiga Raven (Jennifer Lawrence), que lo ha seguido hasta Inglaterra. Los caminos de los tres se unen gracias a la incursión de la agente especial Moira MacTagger (Rose Byrne), que deja sus raíces escocesas y de especialista en genética de X-Men Last Stand, por una placa de la CIA y la nacionalidad norteamericana. MacTagger es parte del grupo que sigue los pasos de Bacon (Shaw, pues), que está operando un plan en el que involucra nada menos que la ubicación de misiles nucleares en terrenos peligrosos (uno, por parte de los Estados Unidos, cerca de la URSS, mientras que otro, por parte de la URSS, en la problemática isla de Cuba).

Bacon, según atestigua MacTagger, tiene ayuda de al menos tres mutantes: Emma Frost (January Jones), Azazel (Jason Flemming) y Riptide (Álex González). Así que necesita un experto en mutantes para que la asesore. Pero a cambio obtiene a mutantes en pleno desarrollo de sus poderes: Xavier y Raven. Y por culpa de la venganza y el azar, a Erik. Entres los tres inician el reclutamiento de la tal primer generación mientras que Bacon y compañía mueven sus piezas en esa partida de ajedrez mundial que culmina con una bella batalla marítima entre Miami y Cuba, con pista sonora a cargo de los discursos de Nikita Khrishchev y John F. Kennedy.

Al final, comprendemos desde la razón por la que Xavier es calvo hasta qué lo hizo estar postrado en una silla de ruedas. También que Raven, ya solo conocida como Mystique, se pondrá mejor cuando crezca (se convierte en Rebecca Romijn), y que todo lo que creíamos sobre la relación entre Erik y Xavier era falso: su amistad no duró más que uno o dos meses y jamás fueron a reclutar a Jean Grey (Famke Janssen) en los ochenta, juntos, como amigos (aunque, según parece, tanto uso de Cerebro sí hizo daños en la memoria del profesor, no reconociendo a Wolverine ni recordando que Mystique conoce como la palma de la mano su mansión, ni que el creador de la supercomputadora que ubica mutantes y supongo que gasta mucha luz eléctrica, fue Hank McCoy y no él y Erik).

O bueno, que X-Men: First Class no es ni Stark Trek de J. J. Abrams ni Casino Royale de Martin Campbell (o ya de perdida Batman Begins de Christopher Nolan), ni Sherlock Holmes de Ritchie (por aquello del bromance). Y que, aún con las críticas favorables, esos resultados en la taquilla doméstica en su primer fin de semana, deben estar ya encendiendo luces rojas entre los productores de ese otro innecesario reboot o algo así llamado o The Amazing Spider Man o Superman (Man of Steel).

Atentamente, el Duende Callejero...

2 Personajes célebres que aún no mueren, opinaron...:

JIFF dijo...

muy valida tu opinión.
Me parece que quieres sobre justificarla.
No te gusto, te decepciono, es valido, pero tus explicaciones si están muy jaladas de los pelos, si vas a buscar incongruencias para quejarte, Beast aparece en la primera X-men (de la cual la primera escena es una calca) como humano (y si, también leí los comics de los 80 de Claremont y Byrne cuando el enfoque era más de héroes) y sus proyectores de imágenes, pero no me ves escudandome en fallas en un guión para decir que esta bien o mal.

El Duende Callejero dijo...

Yup... Y Sebastian Shaw en la segunda, debatiendo, creo, con Moira en la tele... (como aparece Beast en la primera). Mi punto es claro ¿Para qué esta película y por qué querer romper sin romper lo ya realizado con las otras? Y ni modo, mis explicaciones podrán estar jaladas, pero ese cameo de Wolverine y esa aparición de la Romijn y hasta la silla de Xavier, más la mansión, no hacen otra cosa más que eso: pues lo peor es que hasta eso, X-Men Origin: Wolverine tiene más sentido en la saga que esta).