El pasado 15 de marzo se celebró otro año de la muerte del escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft, nacido un 20 de agosto de 1890 en Providence, Rhode Island, y muerto en 1937.
No debería extrañarnos que de las dos fechas, la más recordada y celebrada sea la que corresponde a su muerte. A fin de cuentas, en su escrito más famoso: The Call of Cthulhu, publicado en la revista Weird Tales de febrero de 1928, se nos lega la famosa y multicitada sentencia extraída directamente del afamado Necronomicon:
That is not dead wich can eternal lie, and with strange aeons even death may die.Tampoco debería extrañarnos que de unos seis años a la fecha, el interés por H.P. Lovecraft provocara algo que hace 25 años, que fue cuando leí mi primer texto lovecraftiano, parecía tan inimaginable como una visita a ese reino de torres ciclópeas de R’lyeh: fuera tomado tan en serio, que sus obras, que siempre parecieron destinadas a señalar los estantes de la eternamente vapuleada dupla genérica horror/terror, ahora se deban encontrar en los señalados como literatura universal, y editados tanto por The Library of America o Penguin Great Books of the 20th Century. Además que se han publicado estudios académicos sobre sus textos (que durante mucho tiempo, personajes como Edmund Wilson calificaron como malos o infantiles principalmente por su retocado uso de adjetivos y por sus tramas plagadas de trazos fetichistas de ciencia y esoterismo), o se están realizando debates o mesas redondas, y fuera de los circuitos de culto, todos sobre la trascendencia de su obra.
En una entrevista realizada hace unos años para la revista canadiense Rue Morgue (número 50, octubre del 2005, regalada por el buen Aarón Soto), uno de los cineastas que más se ha batido en duelo con la obra del de Providence, el buenazo Stuart Gordon (1947, Chicago), al hablar de su experiencia trasladando la barroca prosa del autor al siempre caprichoso reino de las imágenes del cine, apuntó que: una de las razones por la que Lovecraft es tan popular hoy en día es porque en estas épocas se ha incrementado esa sensación de que nos gobiernan fuerzas que escapan a nuestro control y que en efecto, vivimos varados en una isla de ignorancia y abatimiento.
Gordon habla, claro, de la tesis principal de la etapa más conocida de Lovecraft: la que el crítico y escritor hindú experto en la obra lovecraftiana, S. T. Joshi, ha llamado: La Etapa Mítica, que duró de 1925 a 1935 y que, en resumen, se basa en la idea de que el hombre vive en esas islas de ignorancia, rodeado de fuerzas que no comprende y que escapan a su control. Fuerzas que atraen al hombre a realizar su propia búsqueda de la verdad por medio del conocimiento. Una búsqueda que en sí misma es una trampa: si el hombre llegara a saber la verdad, si lo viera en el plano general, eso podría o volverlo loco o llevarlo a la muerte.
Ese sentimiento de desdicha que plantea todo lo anterior, es lo que conocemos como lovecraftiano. No solo lo son las cosas que saltan por las noches, los colores que caen del cielo o los seres que recorren castillos y que descubren lo monstruoso de cada uno gracias a ese otro monstruo que es el espejo (los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de hombres; escribió una vez Jorge Luis Borges, lector de Lovecraft que alguna vez lo homenajeó con un cuento, aunque siempre lo describió como un parodista involuntario de Edgar Allan Poe).
Lo que sí sigue siendo un inexplicable, es que Lovecraft sea esa asignatura pendiente cinematográficamente hablando.
En vida, el escritor dijo: nunca permitiré que algo que yo escribiera sea banalizado o vulgarizado en esa parca maraña de infantilismos que las audiencias atentas a la radio o al cine gustan de llamar: cuentos de horror. A diferencia de la radio, donde sí hay adaptaciones memorables, en el cine seguimos esperando la película que merece portar su adjetivo lovecraftiano sin rubor.
Hay más de un puñado de adaptaciones de sus obras, cierto; pero, honestamente ¿Cuál de ellas logra mantener el decoro de ser un clásico del género de horror y no una mera pieza de culto?
Pareciera que han alcanzado más trascendencia las obras que se inspiran o que citan solamente los planteamientos lovecraftianos, elaborando de forma independiente sus propios derroteros; que aquellos que se han tomado la molestia o la valentía de adaptarlo. Solo así entenderíamos que para responder esa última pregunta, la única respuesta rápida y lógica sea Alien de Ridley Scott (Estados Unidos, 1979). Cinta que irónicamente, ante un escritor tan misógino como lo fue Lovecraft, tiene a una mujer, Ripley (Sigourney Weaver), como héroe.
En una entrevista, a propósito de la presentación de la película In the Mouth of Madness (1995), John Carpenter opinaba que lo difícil de trasladar a H.P. Lovecraft al cine consistía en lo imposible que resulta sacar de cualquiera de sus relatos el material suficiente como para hacer valer unos noventa minutos de metraje.
Pensando un poco lo dicho por Carpenter, cuya película no es una adaptación de algún texto del de Providence, sino una premisa parida por el guionista Michael De Luca, en la que se tomaron la libertad de introducir, y sin ningún remordimiento a la vista, varios elementos lovecraftianos, entonces llegaremos a la conclusión de que tiene mucha razón.
Una de las incógnitas que personalmente más me inquietaban del ya malogrado proyecto de Guillermo del Toro, la adaptación de At the Mountains of Madness, era precisamente de qué iba a tratar la película.
Pareciera que han alcanzado más trascendencia las obras que se inspiran o que citan solamente los planteamientos lovecraftianos, elaborando de forma independiente sus propios derroteros; que aquellos que se han tomado la molestia o la valentía de adaptarlo. Solo así entenderíamos que para responder esa última pregunta, la única respuesta rápida y lógica sea Alien de Ridley Scott (Estados Unidos, 1979). Cinta que irónicamente, ante un escritor tan misógino como lo fue Lovecraft, tiene a una mujer, Ripley (Sigourney Weaver), como héroe.
En una entrevista, a propósito de la presentación de la película In the Mouth of Madness (1995), John Carpenter opinaba que lo difícil de trasladar a H.P. Lovecraft al cine consistía en lo imposible que resulta sacar de cualquiera de sus relatos el material suficiente como para hacer valer unos noventa minutos de metraje.
Pensando un poco lo dicho por Carpenter, cuya película no es una adaptación de algún texto del de Providence, sino una premisa parida por el guionista Michael De Luca, en la que se tomaron la libertad de introducir, y sin ningún remordimiento a la vista, varios elementos lovecraftianos, entonces llegaremos a la conclusión de que tiene mucha razón.
Una de las incógnitas que personalmente más me inquietaban del ya malogrado proyecto de Guillermo del Toro, la adaptación de At the Mountains of Madness, era precisamente de qué iba a tratar la película.
Obviamente la trama que cuenta Lovecraft da para un mediometraje en el que el diseño de producción haría las delicias de todos los que hemos leído el texto con un bloc de dibujo a la mano. Pero de ahí a que se pudiera armar una película de, digamos, hora cuarenta o más, irremediablemente hacía prever una posible invención de detalles marca escape de última hora o enfrentamientos imposibles contra pingüinos gigantes que, francamente, acababan provocando algo de escozor.
Y escribo esto recordando la película que, al menos en sus cuarenta minutos de arranque, mejor ilustra sobre los problemas que ocurren al citar de forma errónea a Lovecraft: Alien VS Predator (2004) de Paul W.S. Anderson, o lo que es lo mismo: el plagio más deplorable a At the Mountains of Madness que se ha filmado hast ahora.
Cuando sale la pregunta sobre qué película basada en la obra de Lovecraft merece ser tomada en cuenta, el lugar común indudablemente recae en Re-Animator (1985) de Stuart Gordon. Y podría ser verdad eso, siempre y cuando tengamos sentido del humor y no nos clavemos con el texto original.
Y escribo esto recordando la película que, al menos en sus cuarenta minutos de arranque, mejor ilustra sobre los problemas que ocurren al citar de forma errónea a Lovecraft: Alien VS Predator (2004) de Paul W.S. Anderson, o lo que es lo mismo: el plagio más deplorable a At the Mountains of Madness que se ha filmado hast ahora.
Cuando sale la pregunta sobre qué película basada en la obra de Lovecraft merece ser tomada en cuenta, el lugar común indudablemente recae en Re-Animator (1985) de Stuart Gordon. Y podría ser verdad eso, siempre y cuando tengamos sentido del humor y no nos clavemos con el texto original.
Resulta que Gordon, junto con Dennis Paoli y William Norris, más que tomarse en serio la idea de adaptar el relato: Herbert West, Re-Animator, prefirieron convertir su película en una suerte de, vaya, respetuosa sátira homenaje que, quizá por su estilo camp o por el desaforado trabajo de un jovencísimo Jeffrey Combs como Herbert West, simplemente es muy difícil de odiar, más si uno en verdad disfruta con el cine fantástico.
El propio Stuart Gordon, al realizar su segunda película The Beyond (1986), se enfrentó con el problema que apuntó Carpenter. El cuento del mismo nombre apenas y le sirvió como introducción de su película, así que el resto surgió como una forma de responder la pregunta con la que uno se queda tras finalizar la concerniente lectura ¿Y luego qué pasa?
Tomando en cuenta que listadas hay ciento cinco películas que presumen estar basadas directamente en textos de Lovecraft (iniciando en 1963 con The Haunted Palace de Roger Corman, basado en The Case of Charles Dexter Ward, pero presentada erróneamente como una película adaptada de en un texto de Edgar Allan Poe), podríamos listar que lo recomendable, además de las películas de Gordon, sumándole Castle Freak (1995), basado en The Outsider; Bleeders (1997) de Peter Svatek, basado en The Lurking Fear; Cool Air (2006) de Albert Pyun, del cuento del mismo nombre; The Resurrected (1992) de Dan O’Bannon, basado también en Dexter Ward; y The Thing on the Doorstep (2005) de Eric Morgret, basado en el cuento del mismo nombre.
El propio Stuart Gordon, al realizar su segunda película The Beyond (1986), se enfrentó con el problema que apuntó Carpenter. El cuento del mismo nombre apenas y le sirvió como introducción de su película, así que el resto surgió como una forma de responder la pregunta con la que uno se queda tras finalizar la concerniente lectura ¿Y luego qué pasa?
Tomando en cuenta que listadas hay ciento cinco películas que presumen estar basadas directamente en textos de Lovecraft (iniciando en 1963 con The Haunted Palace de Roger Corman, basado en The Case of Charles Dexter Ward, pero presentada erróneamente como una película adaptada de en un texto de Edgar Allan Poe), podríamos listar que lo recomendable, además de las películas de Gordon, sumándole Castle Freak (1995), basado en The Outsider; Bleeders (1997) de Peter Svatek, basado en The Lurking Fear; Cool Air (2006) de Albert Pyun, del cuento del mismo nombre; The Resurrected (1992) de Dan O’Bannon, basado también en Dexter Ward; y The Thing on the Doorstep (2005) de Eric Morgret, basado en el cuento del mismo nombre.
También están varios cortos y mediometrajes de los que destacamos dos: The Call of Cthulhu (2005), de Andrew Leman, que en sus muy bien aprovechados 47 minutos resulta ser la adaptación más fiel que se ha logrado de cualquier texto de Lovecraft, y quizá la mejor película basada en la obra del autor.
The Call... es una muestra de lo que se puede lograr cuando se sabe aprovechar todas las posibilidades que aporta la tecnología digital para plantear con muy bajo costo pero con muy altos logros, una cinta que, sí, es muda, está en blanco y negro y con intertítulos, pero que logra la magia de remitirnos sin problema al tiempo en el que fue escrita la historia original.
Y no debemos dejar pasar, como broche final, la agradable sorpresa que resulta: Chilean Gothic (2000), la aportación latinoamericana por parte del chileno Ricardo Harrington, que con solo 45 minutos francamente logra deslumbrar con su reinterpretación y actualización de las historias más adaptadas de Lovecraft, pero quizá no tan leídas: Pickman's Model.
La historia del genio pintor que un día desaparece del mundo, para encerrarse a crear su obra maestra basada en sus pesadillas y miedos, llevándose consigo en esa locura a varios conocidos, compite el record de adaptaciones (14) con The Music of Erich Zann.
Faltaría hablar sobre las obras que sin ser de Lovecraft, sacan adelante la casta retomando ideas tanto de argumento como estéticas. Pero, como decían en las películas originales de Conan (ese bárbaro creado por un amigo de Lovecraft, Robert E. Howard): esa ya será otra historia.
The Call... es una muestra de lo que se puede lograr cuando se sabe aprovechar todas las posibilidades que aporta la tecnología digital para plantear con muy bajo costo pero con muy altos logros, una cinta que, sí, es muda, está en blanco y negro y con intertítulos, pero que logra la magia de remitirnos sin problema al tiempo en el que fue escrita la historia original.
Y no debemos dejar pasar, como broche final, la agradable sorpresa que resulta: Chilean Gothic (2000), la aportación latinoamericana por parte del chileno Ricardo Harrington, que con solo 45 minutos francamente logra deslumbrar con su reinterpretación y actualización de las historias más adaptadas de Lovecraft, pero quizá no tan leídas: Pickman's Model.
La historia del genio pintor que un día desaparece del mundo, para encerrarse a crear su obra maestra basada en sus pesadillas y miedos, llevándose consigo en esa locura a varios conocidos, compite el record de adaptaciones (14) con The Music of Erich Zann.
Faltaría hablar sobre las obras que sin ser de Lovecraft, sacan adelante la casta retomando ideas tanto de argumento como estéticas. Pero, como decían en las películas originales de Conan (ese bárbaro creado por un amigo de Lovecraft, Robert E. Howard): esa ya será otra historia.
Atentamente, el Duende Callejero...





4 Personajes célebres que aún no mueren, opinaron...:
No conocía a este escritor, lo voy a tomar en cuenta. Saludos.
Yo incluiría Dagon,española, es una adaptación correcta y que me sorprendió. Siempre claro desde el punto de vista de un fan incondicional de H.P. Lovecraft, pero los ritos están muy bien hechos así como los cánticos son fieles a los libros.
Debería hacerse hincapié que en "In the Mouth of Madness" Carpenter consiguió transmitir el más puro espíritu Lovecraftiano de todas las películas que conozco. (Acepto que me lo discutas con The Call...).
Existen otras dos ¿peliculas? españolas (1ª y 2ª parte) recientes basadas en Lovecraft (o eso dicen...), no digo el titulo si no el mismisimo Cthulhu despertará y vendrá a matarme... Que malas son!!!
Jajajaja... Supongo que sé de qué películas se tratan esas. Sí, que Cthulhu se quede durmiendo un rato más.
Sobre Dagon... Una línea en un texto viejo:
http://duendecallejeroelemental.blogspot.com/2007/11/break-on-through-to-other-side.html
Por cierto ¿Hablamos de lo realizado por José Luis Alemán, no?
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